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Informativos

03-10-2004

Problemas urbanos: Trenes desbordados, embotellamientos, piquetes y frecuencias de colectivos reducidas

Colapso en horas pico
La locura de llegar o salir de la Ciudad 


La creación de playas de transferencia, un boleto multiuso y el mejoramiento del transporte público, son algunas de las medidas que planea impulsar el Gobierno porteño para intentar agilizar el tránsito. 
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Elena Peralta. 
eperalta@clarin.com 

Piquetes, avenidas repletas de autos, ramales suspendidos, colectivos que dejan de pasar apenas cae el sol. El mapa de accesos a Buenos Aires se parece a un juego de ingenio al que cada día le cambian el tablero. Los obstáculos varían según quién tire los dados, pero a bordo de un 0 kilómetro, arriba del colectivo o conteniendo la respiración en un tren, llegar y dejar la Capital es casi siempre difícil. 

La situación es tan compleja que el viernes el Gobierno porteño firmó un Pacto de Movilidad con la Secretaría de Transporte de la Nación y los principales actores del tránsito de la Ciudad. La idea es consensuar algunas medidas, como carriles rápidos para colectivos, estacionamiento medido y boletos multitransporte.

El punto de partida no es alentador: hoy son muy pocos los que cumplen las normas de tránsito. Un panorama complejo si se piensa la cantidad de jugadores que tiene el sistema: 1.063.434 usuarios diarios de trenes y 2.759.084 que viaja en colectivos metropolitanos, según la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT). A los que hay que agregar los 1.443.799 vehículos que, de acuerdo a los números de Vialidad Nacional, entran y salen cada día por puentes, autopistas, calles y avenidas.

¿Cómo viaja la gente? Hasta los diagnósticos más optimistas ponen a Buenos Aires entre las más complicadas del mundo. Para el vocero de Vialidad Nacional, Ernesto Arriaga, forma parte de un sistema que varias veces al día parece a punto de estallar: "El parque automotor de Capital y GBA es de 3.800.000 vehículos, casi la mitad del país. Una cantidad capaz de colapsar cualquier acceso en las horas pico".

Las más complicadas son las que van entre las 6 y las 10 y las 17 y las 20, cuando más gente quiere entrar y salir de Capital. En la batería de medidas del flamante Pacto de Movilidad porteño hay dos, estacionamiento en centros de transferencia y el car pooling (autos con más de dos ocupantes), destinadas a bajar la cantidad de vehículos que ingresan cada mañana a Capital.

"Quizás haya que seguir el ejemplo de otros lugares", pronostica Arriaga, y cita el caso de Madrid, París y Nueva York, donde prohíben los camiones en horas pico. O el de varias ciudades de Estados Unidos que hacen descuentos en el peaje a cuantas más personas viajen por auto.

Con todo, el aire acondicionado del auto siempre es más confortable que el sistema de transporte público. De las 82 líneas de colectivos que circulan en el área metropolitana (Capital y GBA), unas 60 pasan a Provincia. Producto de la crisis y de la competencia de otros medios de transporte (micros truchos y trenes, sobre todo), muchas dejaron de circular. El cierre de recorridos repercute en todo el sistema. En el Oeste la quiebra de Transportes del Oeste (TDO) en junio de 2003 y la crisis de La Lujanera sumó 55 mil pasajeros al tren. En agosto de este año otra empresa, Ecotrans, se hizo cargo de TDO, en total 9 líneas que atraviesan Morón, Ituzaingó y La Matanza, pero muchos usuarios siguen viajando en el Sarmiento, casi una proeza en horas pico.

No siempre es una quiebra lo que interrumpe recorridos. Por la caída en la recaudación y la inseguridad muchas empresas restringen paradas. En Lomas de Zamora, si hay paro de trenes casi no hay opciones para llegar al Centro. La línea 54 dejó de pasar y la 51 redujo su recorrido. Así, desde la estación, a veces no queda otra opción que tomarse un remís hasta Lanús y de allí el 100, el 45 o el 37. "Igual, el 80% de la gente viaja en colectivo", admite Mario Caligari, de la Unión Tranviario Automotor (UTA).

Los problemas no sólo suceden de día. Según una investigación del Centro de Educación al Consumidor (CEC), publicada por Clarín en mayo, el 79% de las líneas no respeta la frecuencia nocturna obligatoria. Y más del 40% de los coches deberían dejar de circular a fin de año porque superan los diez años de antigüedad que exige el Estado.

Para Juan Antonio Bilbao, gerente de la Federación Argentina de Transporte de Pasajeros (FATAP), el cambio de unidades es complicado: "Los ingresos cayeron más del 30% y los costos se dispararon, pero nunca hubo una recomposición del valor del boleto que los equipare".

Los que usan el tren no tienen un panorama mejor. "La inversión de las empresas es nula. Y la mayoría de los usuarios viaja en las peores condiciones en unidades sin ventanillas, con puertas que funcionan mal y frecuencias que se incumplen sobre todo a la noche", denuncia Norberto Rosendo, de la comisión de usuarios Salvemos al Tren. El diagnóstico del presidente de la Asociación en Defensa de los Usuarios y Consumidores, Osvaldo Bassano, es lapidario: "Si fueran aviones, ya hace rato que se habrían caído todos".

Las concesionarias argumentan que la situación es compleja y algunas soluciones, muy difíciles de implementar. "Aumentar las frecuencias choca con el problema de los pasos a nivel. El sistema permite como máximo 36 minutos de barreras bajas por hora, si subiéramos la cantidad de trenes aumentaríamos ese tiempo a 50 minutos", aseguró Jorge Molina, director de Comunicaciones de TBA, concesionaria de las líneas Mitre y Sarmiento. Según el vocero, se está trabajando en la alternativa de coches de doble piso para que entren más pasajeros por tren.

Fernando Jantus, vocero de Metropolitano, concesionaria de la línea Roca, aseguró que la empresa presentó a la Secretaría de Transporte un plan de inversiones para mejorar el estado de los trenes. "El sistema, sobre todo en los diésel, no es el mejor pero estamos haciendo lo posible por optimizarlo", se sincera.

Casi con resignación, los usuarios denuncian desde ventanas rotas hasta estaciones con rampas para discapacitados sólo en los andenes que van a Capital. Cosas de un sistema que pocas veces lleva a algún lado.

 

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